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sábado, 3 de mayo de 2014

Basta Un Segundo Para Siempre

Basta Un Segundo Para Siempre. Dormía yo, soñando quien sabe qué, lo digo, porque la mayoría de las noches, sueño intensamente, pero, no siempre recuerdo la historia, el sueño. Muchas veces, mis sueños viven entre las pesadillas y el realismo mágico, son tan intensos, que parecerían ser provocados por algún fuerte medicamento. Muchas otras veces, puedo mezclar lo que sucede en la realidad de los despiertos, con las que estoy soñando. En este ir y venir de lo que es mi complicada manera de dormir, esa noche escuchaba el sonido de una sirena de bomberos. Dormir fuera de mi cama y sin mi almohada, complica aún más mi manera de soñar. En los últimos meses, durante las madrugadas, he tenido que levantarme varias veces y todos los días como una rutina para atender a mi madre que está muy enferma. Interrumpir el sueño con tanta frecuencia, te va cambiando hasta el sentido de humor, afecta tu sistema nervioso y complica el resto del día, por suerte en las últimas dos semanas ambos hemos dormido con normalidad y esto nos provoca un gran alivio. Esa sirena de bomberos no pertenecía a mis complicados sueños, no era parte de la realidad que yo había incluido en mis sueños. Un rato después de haber escuchado esta sirena, escuché la voz de mi madre, que como de costumbre me llama en las madrugadas para pedir sus medicamentos o para que la ayude al baño. Como hacía ya dos semanas que no me despertaba en las madrugadas, ese día, se me hizo más difícil responder a su llamado. La tercera vez que la escuche llamándome- “Carlos, Carlos, Carlos”- respondí tirándome de la cama de un solo salto, mientras le contestaba-“ya bajo, Mami”- así la llamamos desde que éramos niños. Corrí hacia las escaleras lo más rápido que pude y cuando llegué a los tres últimos escalones, voltee a mirar hacia su cama, para llevarme la sorpresa de que ella se encontraba profundamente dormida. En ese instante no supe que pensar y me quede un rato mirándola fijamente, hasta que me convencí de que ella llevaba en ese sueño profundo por un largo rato. Cuando de repente, veo hacia la ventana que da a la calle, observo un parpadeo de luces rojas y entonces me doy cuenta de que algo pasa en la entrada de nuestra casa; volví corriendo a la parte de arriba para poder mirar hacia la calle por una de las habitaciones. Alcance a ver un derroche de luces de carros de bomberos, ambulancias y policías, parecía una redada mezclada con un llamado de incendio, pero, justo en el centro de la cruz que componen las dos calles, estaba un lujoso carro gris con un señor de rasgos orientales, quien parecía estar en perfectas condiciones, no así su lujoso carro, el señor se movía constantemente y hablaba por teléfono parecería que con alguien conocido, después de un momento, se desmontó del auto, caminó hacia la parte trasera del mismo, para volver a montarse en el vehículo casi inmediatamente. Yo bajé enseguida y en cuclillas para no despertar a mi madre, quien seguía durmiendo profundamente, agarré mi abrigo, abrí la puerta y me dirigí a las escalinatas del balcón para descubrir que justo en la esquina donde se encuentra nuestra casa, el cuerpo de rescate, luchaba incansablemente por sacar a un hombre blanco desde dentro de un auto, que parecía abrazar al poste de luz de la esquina de nuestra casa. Desde donde yo estaba, ese hombre se veia moribundo, no supe que hacer, saque mi celular, tome una foto, traté de grabar un poco, luego sentí que no debía hacerlo, pues, no estaba en un trabajo periodístico y por lo tanto podría ser morboso, actué con el impulso natural de estos tiempos, ese impulso, ese sentido de querer conservar cada momento o de demostrar que hemos sido testigos de un gran evento, protagonistas de nuestra propia historia… Pude llegar a ver como los rescatistas tuvieron que cortar la capota del auto, el carro lo cortaron en dos partes y atándolo a un cable metálico, comenzaron a halar para poder sacar al hombre moribundo. No quise seguir mirando, volví a mi casa, vi que mi madre seguía profundamente dormida y subí a mi aposento. Pasó un largo tiempo para que yo pudiera volver a conciliar el sueño, pensé, resé por el señor moribundo del auto; de repente pasaron por mi cabeza estos últimos diez meses que han cambiado nuestras vidas y pasaron por mi cabeza como un video en fast forward. La imagen del auto y el poste de luz deteniéndolo, no se alejaban de mi mente…y pensar que a veces nos encontramos a tan solo unos segundos que pueden durar para siempre…Y pensar que puedes mirar a tu costado y reconocer que ya nada será igual, que todo te puede cambiar en un instante, que un cambio de luz puede ser el principio de un nuevo destino, el final del camino, que un poste de luz puede darte otra oportunidad, que no existe nada seguro, ni aun durmiendo en tu propia cama, ni protegido bajo tu propio techo, que realmente nada nos pertenece, que el camino está ahí y nadie conoce verdaderamente cual será el final de ese camino… La noche siguiente, nuevamente mientras dormíamos, escucho a mi madre que llama tres veces seguidas, como la noche anterior y como de costumbre respondí y corrí hacia las escaleras, para sorprenderme al verla profundamente dormida. Una hora después vuelvo a escuchar que me llama de la misma manera, esta vez más tranquilo y pensando que todo era parte de mis sueños y mis preocupaciones, bajé las escaleras con toda calma para encontrármela despierta mirando al techo, yo le pregunte que para que me llamaba y ella me respondió,-“no, yo no te he llamado, tú me llamaste tres veces y me despertaste…” Carlos Espinal 5/1/2014 11:57 P.M.

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